Mantenimiento que ocupa una semana floja
Programa el mantenimiento por meses y por kilómetros, y usa esa lista cuando la semana viene floja. Llamas a coches a los que ya les toca, no a cualquiera.
Dos intervalos, un coche
El mantenimiento no cabe en una sola cifra. Hay coches que vencen por meses, aunque hagan pocos kilómetros, y coches que vencen por kilómetros antes de cumplir el plazo. Guarda los dos datos en el vehículo: la fecha del último servicio y el kilometraje, más el intervalo que le corresponde en tiempo y en distancia. Cuando entre en el taller por otra cosa, actualiza los kilómetros. Un intervalo calculado con un cuentakilómetros viejo avisa tarde o demasiado pronto.
No uses el mismo intervalo para toda la cartera. Un uso intenso, un motor que ya conoces o un fabricante que pide un plazo más corto tienen que poder quedar en esa ficha. Escribe también qué incluye el aviso: aceite y filtros, o una revisión más amplia. Si el mensaje dice mantenimiento y en la bahía no sabes qué mirar, perderás el hueco discutiendo el alcance. El intervalo sin contenido es solo una fecha. El cliente necesita las dos cosas.
El aviso sale de la ficha
Igual que con la ITV, el recordatorio de mantenimiento sale del vehículo, no de una lista mental de quienes caen bien. Recorre los que vencen por fecha y los que vencen por kilómetros, y quédate con los que de verdad tocan. No avises de aceite a un coche al que ya se lo cambiaste y olvidaste anotar. Antes de mandar el mensaje, mira la última orden. Si el trabajo está hecho, actualiza el intervalo y calla.
El mensaje dice qué toca, en qué coche y ofrece un hueco, no un sermón. Una vez, y una segunda si se acerca el vencimiento y no hubo respuesta. Si el cliente dice que lo hace en otro sitio, anótalo y no insistas ese ciclo. Si pide hora, conviértelo en cita en la sucursal que usa. El mantenimiento llena el taller cuando acaba en el calendario. Un aviso sin hueco detrás es publicidad, y el cliente lo nota.
Cuando la semana viene floja
Mira la agenda al empezar la semana. Si ves mañanas huecas, saca la lista de mantenimientos e ITV que vencen en ese periodo y llama a un número que quepa en esos huecos. Ofrece horas concretas, no un ya te diremos. Quien acepte entra en el calendario y sale de la lista. Quien no pueda, queda para el siguiente repaso. No rellenes de más: una semana floja se arregla, y una semana imposible solo añade esperas.
Prioriza a quien ya es cliente y tiene el intervalo vencido o a punto, y a quien dejó un presupuesto de mantenimiento sin hacer. Eso es trabajo conocido. Llamar a desconocidos para llenar un día vacío cambia de oficio: dejas de gestionar el taller y te pones a captar sin ficha, sin vehículo y sin consentimiento. Si aun así quieres avisar a más gente, hazlo con los datos que ya tienes bien guardados.
No conviertas el aviso en relleno
No adelantes mantenimientos que no tocan solo porque el elevador está libre. El cliente lo nota cuando el libro de mantenimiento no cuadra, y la siguiente vez no coge el teléfono. Si la semana está floja de verdad, usa el tiempo en órdenes abiertas, en piezas pendientes y en dejar las fichas de intervalos bien escritas. Eso también llena el trabajo, aunque no llene la bahía. Un hueco honesto es mejor que un servicio inventado.
Cuando hagas el servicio, anota kilómetros, fecha y qué se cambió, y programa el siguiente intervalo en el mismo vehículo. Si no lo anotas, el mes que viene el coche vuelve a salir en la lista y llamarás a alguien que acaba de estar en la bahía. Pregunta al entregar si quiere el aviso la próxima vez. Si dice que no, respétalo. El mantenimiento que llena la semana es el que el cliente reconoce como suyo.