Recordatorios de ITV ligados al vehículo
Ata el aviso de ITV al vehículo, avisa con antelación y para cuando el cliente ya ha respondido. Un recordatorio útil no se convierte en una persecución.
La ITV vive en el vehículo
El aviso de ITV no sale de una libreta general. Sale de la fecha que tienes escrita en ese vehículo. Cuando el coche pasa por el taller, pregunta cuándo le toca y déjala en su ficha, junto a la matrícula y el kilometraje. Si el cliente no la sabe, mírala en la pegatina o en el informe y anótala antes de que se vaya. Sin esa fecha, el recordatorio es una suposición y vas a avisar al coche equivocado.
No mezcles la ITV con el cambio de aceite en el mismo campo. Son dos motivos distintos y el cliente los entiende por separado. Si el coche cambia de titular, revisa la fecha: la ficha vieja no se hereda sola. Y si ya pasó la inspección, actualiza el dato en cuanto tengas el resultado. Un aviso sobre una ITV que ya está hecha quema la confianza más rápido que no avisar.
Avisa con margen, no el mismo día
Elige una antelación y úsala en todo el taller. Varias semanas antes da tiempo a pedir cita en la estación y a reservar en tu bahía si el cliente quiere una revisión previa. El mismo día, o la víspera, solo sirve para asustar. Escribe ese margen una vez, en la sucursal, y no lo cambies según quién mande el mensaje. Si cada persona avisa cuando se acuerda, el cliente recibe dos toques o ninguno.
El mensaje nombra el vehículo y la fecha de la ITV, y ofrece un hueco si te interesa hacer la revisión antes. No añadas un descuento ni una lista de trabajos que no pediste. Di quién eres y cómo puede contestar. Si el taller tiene más de una sucursal, el aviso sale de la que el cliente usa, con su teléfono. Un recordatorio genérico, sin matrícula, acaba en la papelera.
Un aviso, no una persecución
Manda el recordatorio y espera. Si el cliente no contesta, un segundo aviso cerca de la fecha puede tener sentido. Un tercero al día siguiente, no. Insistir parece que vendes la revisión, aunque solo quieras ayudar, y el cliente deja de leer. Marca el aviso como enviado en cuanto salga, para que otro compañero no lo repita por la tarde. El taller habla una vez con una sola voz.
Si contesta que ya tiene cita en la estación, o que este ciclo de ITV ya lo tiene resuelto, anótalo y detén los avisos. No discutas por mensaje. Si pide la revisión previa, conviértelo en una cita con hora, no en una promesa vaga de llamarle. Cuando el trabajo termina, actualiza la próxima fecha en el vehículo. El ciclo siguiente empieza en la ficha, no en la memoria de quien hizo el último aceite.
Qué haces con la respuesta
Trata la respuesta como parte del vehículo, no como un chat que se pierde. Quien abre la ficha al día siguiente tiene que ver si el cliente vendrá, si ya pasó la ITV o si pidió que no le avises más. Si el consentimiento para escribirle no está, no insistas por otro canal para saltártelo. Apunta la negativa y respétala. Un taller que ignora un no deja de ser un recordatorio y pasa a ser ruido.
Cuando reserves la revisión previa, deja en la cita qué vas a mirar: luces, frenos, neumáticos, fugas, y nada más salvo que el cliente lo pida. Así la bahía no se convierte en una inspección improvisada de dos horas. Si encuentras un defecto que puede tumbar la ITV, dilo antes de reparar y pásalo a presupuesto. El recordatorio cumplió su trabajo cuando el coche tiene hora, o cuando la ficha dice que este ciclo ya está cerrado.